SOY PSICÓLOGA FEMINISTA

¿Por qué eso de “psicóloga feminista”? 

 

Definirme como psicóloga feminista fue complicado y, a la vez, no lo fue.

 

La palabra “feminista” ha recibido tanto odio, desprecio y manipulación, que a veces puede llegar a dar algo de miedo identificarse con ella. No soy muy partidaria de poner etiquetas, pero ésta, al margen de lo arriesgado, me sigue pareciendo necesaria.

 

Sé que muchas personas que estén buscando una psicóloga, no se plantearán que sea yo quién las acompañe cuando lean el apellido “feminista”. Me parece bien. Eso se debe en parte a que una de las cosas que me ha aportado el feminismo es entender que las personas tenemos el derecho a ser libres y decidir sobre las cuestiones que afectan a nuestras vidas. Entre esas cuestiones se incluyen nuestros cuerpos, nuestras mentes, nuestras emociones y por supuesto, nuestras psicólogas.

 

Creo la palabra feminismo puede suscitar muchas dudas y preguntas. A veces, fantaseo sobre las cosas tan terribles que alguien puede imaginar que suceden en una sesión con una psicóloga feminista: ¿me va a convertir al feminismo?, ¿va a hacer que odie a los hombres?, ¿me va a decir que soy una víctima? o ¿me va a decir que soy un maltratador? 

 

Nada más lejos de la realidad. O más cerca. Depende. De ti, de lo que tú quieras. Ni puedo ni quiero obligarte a nada, no es mi papel.

 

Entonces, ¿de qué va todo esto?

 

En este punto, necesitamos un poco de teoría. El feminismo es un movimiento social y político. Es sobre todo una perspectiva crítica ante las desigualdades que sufrimos las mujeres por el hecho de serlo. Se traduce en un modo de pensar y vivir basado en la creencia de que todas las personas deberíamos ser iguales en derechos, obligaciones y oportunidades, y la conciencia de que, por motivos sociales y culturales, aún no lo somos. Y esto a parte de injusto, es una fuente constante de malestar. Por lo tanto, el feminismo es, además, una crítica con objetivo de construir un mundo libre e igualitario.

 

Por eso, también fue fácil definirme como psicóloga feminista. La psicología, desde mi punto de vista, es una herramienta para el bienestar y la libertad.

¿En qué cambia la terapia cuando es feminista?

 

Incorporar la perspectiva feminista a la terapia, implica tener en cuenta como el género y la desigualdad que se relaciona con el mismo afecta a la construcción como persona y a la presencia de malestar.

 

Desde antes de nacer, se empiezan a tener unas expectativas sobre cada persona, justo desde el momento en que nos dicen si la personita que va a llegar al mundo es niño o niña. Social y culturalmente, se nos marca un camino diferente en función de si se nos lee como niño o como niña. Esos caminos no son solo diferentes, sino desiguales. Ajustarse a esos caminos nos limita, genera sufrimiento y disminuye nuestra capacidad de decidir y mantiene la injusticia. Salir de ellos cuesta incluso más, porque el mundo está preparado para volver a conducirnos a ellos, sutilmente o a través del castigo. O desigualdad o marginalidad. No es un panorama muy alentador. No es de extrañar que la misma desigualdad pueda ser origen, disparadora o mantenedora de sufrimiento, malestar e incluso trastornos psicológicos.

 

Ser mujeres ha significado tradicionalmente silencio, sacrificio, sumisión. Los problemas de las mujeres eran invisibles o simplemente, no importaban. Los castigos para las mujeres que se salen de la norma son habituales. Cuando no hemos “soportado” todo el peso y sufrimiento, cuando en vez de llorar o ignorar, sale la rabia, se nos ha tachado de locas, exageradas, mentirosas. Cuando nos pasa algo malo, se justifica por no habernos comportado como las “buenas mujeres” que debíamos ser. “Algo haría para que él se enfadara tanto”, “si no llevara tanto escote no la habrían tocado”. Dos ejemplos de entre los miles que existen, y no todos son tan visibles.

 

Los hombres, a pesar de estar situados socialmente en la parte alta de la desigualdad, también pueden sufrir las consecuencias de vivir en un mundo con unas expectativas exigentes sobre lo que significa “ser un hombre de verdad”. Desde el robo del derecho a llorar hasta las consecuencias de no ser “suficientemente hombre”, pasando por multitud de situaciones en las que, si no se cumple, se te valora como inferior. Todas ellas pueden generar dolor, frustración y malestar.

 

Somos los que nos contamos y nos cuentan, nos construimos como personas en un mundo que no influye para ser de una manera determinada en función del sexo con el que nacemos y eso, de una manera o de otra, nos quita libertad.

 

Afortunadamente, no son las únicas opciones. La psicología feminista nos aporta que aunque sea complejo crear otras realidades más justas, libres e igualitarias, también es posible. Aprender a existir en sintonía con una misma, desde el bienestar y a través de relaciones plenas y sanas.

 

No estoy sola, somos muchas 

 

Esto de la terapia feminista no lo he inventado yo. Es más, no es algo que haya aparecido de un día para otro, ni en la soledad de un ático rodeado de libros. La psicología feminista responde a una necesidad vital y social de muchas mujeres, que a costa de esfuerzo, escucha, experiencias y aprendizaje, han construido una manera de ver el mundo en la que caben todas las personas y en la que nos sostenemos y apoyamos unas a otras. En esas redes muchas otras aprendemos, nos desarrollamos y concebimos la terapia.

 

Para poder explicar mejor qué es y cómo se acompaña desde la psicología feminista, he recurrido a mis redes de profesionales de la psicología, que han querido compartir su perspectiva.

 

María Fiol, cuenta: “utilizo la perspectiva feminista durante la terapia y lo hago porque considero que introducir conceptos de género y relacionarlos con nuestro comportamiento, pensamiento, emociones, puede ayudar a la persona a integrar la mejor la experiencia traumática que puede haber vivido (en mi caso, por el trabajo que hago) y a la vez puede hacer que tengamos una terapia más eficaz y con mejores efectos a largo plazo”

 

Rosalía Roquero, comparte: “en terapia nos centramos en la persona, el desarrollo de sus estrategias de afrontamiento es multicausal. Muchos factores contribuyen a construir la persona que acude a consulta en momento determinado. A parte de los aspectos específicos de cada circunstancia vital, de cada historia, existen elementos socio-culturales compartidos que no podemos obviar porque se encuentran continuamente atravesando la construcción de esas historias. Si vemos lo lugares ocupados por las mujeres, la forma de expresarse, lo que se espera de ellas… no es igual a la de los hombres, deberemos pensar entonces en una repercusión diferente del proceso de socialización que da lugar a la identidad. Por ello, es imprescindible la consideración del género en psicoterapia, para ayudar a comprender mejor y acompañar en un proceso profundo; para despatologizar reacciones normales ante situaciones normalizadas y para contribuir poco a poco para generar un cambio social que beneficie a todas las personas” 

 

Para entender cómo atraviesa el género la vida, el cuerpo y a la persona. Para que las cadenas y los mandatos no determinen nuestro bienestar, nuestra paz y nuestra salud mental. Para encontrar maneras de acompañarte. Para crear redes, porque no estamos solas. Para que te sientas un poco más libre. Soy psicóloga feminista.

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